La normalización de perder en la NFL

El tanking pone en duda el sentido competitivo del fútbol americano

27 Dic 2025

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Autor deportes-user

5 minutos

Perdemos más de lo que nos gustaría. 

Invertimos tiempo, esfuerzo y expectativa en algo que no siempre devuelve lo que promete. 

En el deporte, todos compiten para ganar. Jugadores, entrenadores y aficionados entienden que la derrota duele porque contradice el propósito mismo de competir.

Por eso, cuando perder deja de ser una consecuencia y se convierte en una decisión, el problema deja de ser únicamente deportivo.

En la NFL, existe un momento de la temporada en el que algunas organizaciones operan bajo una estrategia distinta. Equipos que encuentran en la derrota una vía para acercarse a un mejor futuro. 

No lo declaran, pero lo gestionan. Y en ese proceso, la competencia deja de ser el objetivo.


El incentivo de perder en la NFL

Según la Real Academia de la Lengua Deportiva Española, el término tanking se define como el fenómeno de aceptar, facilitar o incluso administrar la derrota con el objetivo de mejorar la posición en el Draft

En la NFL, el orden del Draft beneficia a los equipos con peor récord y les otorga acceso prioritario al talento colegial. Cuanto más bajo se termine en la tabla de posiciones, mayor será la posibilidad de seleccionar a un jugador capaz de cambiar el rumbo de la franquicia.

Ese diseño responde a una intención legítima. Mantener la paridad. Evitar que los equipos dominantes se perpetúen. Ofrecer a los más necesitados una oportunidad de reconstrucción.

El problema aparece cuando ese incentivo deja de ser una herramienta y se convierte en una práctica. En ese punto, la derrota deja de ser algo que se intenta evitar y comienza a percibirse como útil, distorsionando la noción misma de éxito deportivo.

Se ha normalizado el argumento de que perder hoy puede ser una inversión para ganar mañana. Que fracasar forma parte de un plan. Que tocar fondo es un paso inevitable hacia la reconstrucción.

Algunas franquicias lo han llevado al extremo de considerarlo una estrategia. No especificaré qué equipos para no herir sensibilidades… tú y yo sabemos perfectamente a quiénes me refiero.


Cuando la derrota se vuelve hábito

Aceptar la derrota como parte de un plan no es una decisión neutral. Sus efectos son acumulativos y alcanzan a todos los niveles:

  • La liga ve comprometido su principio competitivo. El deporte se sostiene sobre un acuerdo implícito: ambos equipos salen al campo con la intención de ganar. Cuando ese supuesto se debilita, la credibilidad del juego se erosiona y la calidad del producto se devalúa. 
  • La franquicia instala una cultura difícil de revertir. La repetición de derrotas bajo la promesa de reconstrucción debilita estándares, hábitos y exigencia interna. Es complejo construir una mentalidad ganadora en un entorno que ha aprendido a justificar y convivir con la derrota. Ninguna primera selección del Draft compensa con facilidad el deterioro de una cultura competitiva. 
  • Los jugadores pagan el costo inmediato. Sus carreras operan en ventanas limitadas y no en ciclos largos. Cada temporada perdida es un año que no regresa. Una oportunidad que no se recupera. Demasiadas carreras se consumen en proyectos eternamente inconclusos, rodeadas de plantillas jóvenes que nunca terminan de consolidarse.
  • Los aficionados enfrentamos la contradicción más evidente. Se nos exige lealtad hacia un equipo que ha dejado de competir por ganar.

Decisiones que debilitan la competencia

El tanking rara vez ocurre el domingo en el campo. Los entrenadores no ordenan perder, los defensivos no fallan tacleadas deliberadamente y los pateadores no apuntan fuera de los postes por instrucción superior. 

Al contrario, se gestiona de lunes a sábado en las oficinas donde el presente se sacrifica en nombre del futuro. Intercambiando talento veterano por selecciones futuras, reduciendo inversión en la plantilla o enviando a jugadores clave a la lista de lesionados con diagnósticos médicos discutibles. 

Ahí es donde la derrota deja de ser circunstancial y se vuelve estructural.

No todos dentro de la organización operan bajo el mismo horizonte de tiempo. El propietario puede permitirse pensar en el largo plazo. Para el entrenador y los jugadores, ese mismo proceso puede significar el final de su trayectoria.

El problema no es solo perder. Es decidir que perder es aceptable.


El verdadero costo de reconstruir perdiendo

La defensa del tanking descansa en la idea recurrente de que tocar fondo es requisito para reconstruir.

La historia reciente de la NFL muestra que esa relación no es automática. El talento seleccionado en las primeras posiciones del Draft no garantiza transformación inmediata ni sostenida. Porque no es una ciencia exacta. Es, en el mejor de los casos, un acto de fe.

Por cada caso que redefine el destino de una franquicia —como Andrew Luck con los Colts, Joe Burrow con los Bengals o Trevor Lawrence con los Jaguars—, existen múltiples ejemplos donde la promesa nunca se materializa. 

La reconstrucción no exige necesariamente la humillación competitiva. Diversos equipos han demostrado que es posible renovar una plantilla, desarrollar talento joven y seguir compitiendo con dignidad.

El ser un equipo competitivo no depende únicamente del orden en el Draft. Depende de decisiones consistentes, de desarrollo interno y de una estructura capaz de sostener el talento. 

Reducir ese proceso a la expectativa de encontrar un salvador colegial no es estrategia, es simplificación.

El tanking no asegura el futuro. Solo compromete el presente.


¿Qué queda del deporte si perder también puede ser una estrategia? 

Queda una competencia que empieza a vaciarse de sentido. Un juego donde el resultado deja de ser la consecuencia del esfuerzo y pasa a ser una variable administrable. La derrota deja de incomodar porque puede justificarse, y en ese proceso, la exigencia que sostiene al deporte comienza a diluirse.

El problema no es únicamente perder, es aceptar que hacerlo puede formar parte del camino. Porque en ese momento, competir deja de responder a la convicción y empieza a obedecer a lo que conviene, no a lo que exige el juego.Y cuando ganar deja de ser la única razón para competir, el deporte deja de ser lo que era.

Cruda deportiva

Si fueras el gerente general de una franquicia de la NFL, ¿serías capaz de sostener un proyecto que utiliza la derrota como herramienta o seguirías defendiendo que en el deporte siempre se compite para ganar?

Tagged to:#Draft #FutbolAmericano #NFL #Tanking
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