Bad Bunny y la decisión que redefine a la NFL
El Halftime Show del Super Bowl LX refleja la nueva estrategia global de la liga
8 Feb 2026
Vivimos pendientes de ser vistos.
Medimos nuestra relevancia en likes, followers o comments y convertimos la atención en una forma de reconocimiento. Sin darnos cuenta, aprendimos a pensar en términos de alcance.
El deporte, que durante mucho tiempo resistió esa dinámica, ha comenzado a adaptarse a ella.
La NFL lo confirmó al elegir a Bad Bunny como protagonista del Halftime Show del Super Bowl LX. La decisión no se explica desde la música. Se entiende desde el momento cultural que atraviesa la liga.
Ser relevante es más importante que ser representativo.
El algoritmo como criterio
Esta columna está dedicada a quienes no entienden qué es un 1ero y diez, pero jamás se pierden el Halftime Show para no quedarse fuera de la conversación del lunes.
El espectáculo de medio tiempo dejó de ser un intermedio. Actualmente es uno de los espacios de mayor visibilidad dentro del entretenimiento global. Un escenario donde la música, el deporte y la cultura popular convergen bajo una misma lógica: maximizar atención.
La NFL lo entiende. Y actúa en consecuencia.
Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny, encabeza el espectáculo con un perfil que trasciende la lógica tradición del evento. Su presencia en plataformas digitales, su capacidad de movilizar audiencias y su alcance internacional lo convierten en una de las figuras más influyentes del entretenimiento contemporáneo.
Sus credenciales no son anecdóticas. Explican la decisión:
- 84 millones de oyentes mensuales en Spotify.
- 49.9 millones de seguidores en Instagram.
- 3 premios Grammy, 17 Latin Grammy y 8 Billboard Music Awards.
Precisamente por eso la NFL lo quiere en su escenario. Porque su público principal no está en Kansas. Está en San Juan, Ciudad de México, Bogotá o Buenos Aires.
Mercados que la NFL ha identificado como prioritarios para su crecimiento.
Exportar el emparrillado
Durante décadas, la NFL se definió por su arraigo en la cultura deportiva estadounidense. Hoy, opera bajo una estrategia distinta: expandir su presencia más allá de sus fronteras tradicionales.
La liga ha ampliado su calendario internacional, ha incorporado nuevas sedes y ha orientado su crecimiento hacia mercados con alto potencial de consumo. Londres, Berlín, Madrid y São Paulo forman parte de ese plan. En México, tú y yo seguimos esperando su regreso.
El espectáculo de medio tiempo se integra a ese proceso como herramienta de expansión.
Bad Bunny conecta con un público que, en muchos casos, no distingue un “holding” de un liniero ofensivo, pero sí participa activamente en la conversación global. Su presencia reduce la distancia entre el evento y ese espectador.
La NFL no está pensando en el aficionado de 55 años en Ohio. Está pensando en el joven de 15 años en la Ciudad de México.
El punto de quiebre cultural
Por un lado, existe una tradición que entiende el Super Bowl como la culminación de una temporada, un evento profundamente vinculado a la cultura deportiva estadounidense. Para ese sector, el espectáculo de medio tiempo forma parte de una identidad que debería mantener cierta continuidad.
Por otro, la liga responde a una realidad económica y cultural distinta. Su crecimiento depende de atraer nuevas audiencias, diversificar mercados y mantenerse vigente en un entorno donde la atención es un recurso limitado.
La elección de Bad Bunny no es una ruptura con la tradición. Es una reinterpretación de sus prioridades.
El espectáculo de medio tiempo siempre ha sido una declaración. Define cómo la NFL quiere ser percibida. En distintas épocas, esa imagen se construyó a partir de figuras capaces de generar consenso cultural dentro de Estados Unidos. Hoy, la liga opta por una figura cuyo impacto trasciende ese marco.
No será la primera vez que Bad Bunny participará en el Super Bowl. En 2020 apareció como invitado de Shakira y Jennifer López. Esta vez, como headliner, esperemos que el Levi's Stadium no termine siendo un festival de reggaetón. Haz de cuenta el Coca Cola Flow Fest con "perreo" hasta el suelo en el logo de la yarda 50.
Pero bueno, la NFL no tiene la culpa de los gustos actuales, simplemente es experta en capitalizarlos.
Entre el purismo y el mercado
Si la NFL hubiera privilegiado la lógica local de San Francisco, otros nombres habrían parecido apuestas más seguras. Artistas como Post Malone, Miley Cyrus o incluso el regreso de Taylor Swift habrían satisfecho al sector más purista de la audiencia.
Pero la liga es consciente que su futuro depende de adaptarse a nuevas formas de consumo y no aferrarse a la tradición.
Un futuro donde la conversación digital, la visibilidad y la capacidad de generar “engagement” determinan el valor y el alcance de un evento. Done el idioma español pesa tanto como el inglés. Donde la Ciudad de México podría aspirar algún día a tener una franquicia antes que ciudades estadounidenses como San Antonio. Y donde los más de 120 millones de espectadores no necesariamente saben ubicar Nebraska en el mapa.Al elegir a Bad Bunny, la NFL está enviando un mensaje claro. El deporte ya no nos pertenece únicamente a los aficionados que vemos todos los partidos, seguimos cada jugada y sufrimos cada yarda. También le pertenece a quién no sabe qué es un “filed goal”, pero sí sabe de memoria las canciones del puertorriqueño.
¿Está la NFL expandiendo su cultura o redefiniendo lo que el deporte está dispuesto a ser?
La decisión no es aislada. Responde a una estrategia donde el alcance define el valor y la atención se convierte en el activo más importante.
El Halftime Show ya no es únicamente un espectáculo. Ahora es una herramienta de expansión que la NFL está dispuesta a explotar.
Si el deporte se mide por su capacidad de ser visto, el riesgo no es cambiar. Es olvidar lo que lo hacía relevante.